Cuando Dios se parece a mamá… ¿Y qué hacer si no es así?

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Cuando Dios se parece a mamá imagen

Cuando Dios se parece a mamá… ¿Y qué hacer si no es así?

“Como madre que consuela a su hijo, así yo los consolaré a ustedes.” (Isaías 66:13)


Mensaje compartido en San José, Costa Rica, por Jason Cordero, MEB, en agosto de 2006.

Al tratar el tema de las madres, las personas que acompaño en mentoría de consejería pastoral suelen ubicarse en una de tres posiciones:

Matrilatría: adoración a la madre. Son quienes colocan a la madre en un lugar que no le corresponde —en el lugar de Dios, en el lugar de sí mismo, en el lugar de su esposa o de sus hijos. Personas que niegan su propia vida por estar pendientes de su madre, para quienes no existe nada más que satisfacerla. Nunca cortan su ombligo emocional y viven sin crecer como hombres y mujeres independientes. El plan de Dios incluye honrar a padre y madre, pero también incluye la sentencia: “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer.” La matrilatría no es una opción cristiana.

Matricidio: odio a la madre, hasta el punto de la muerte deseada o ejecutada. Es quien no solo peca al no cumplir el quinto mandamiento, sino que también peca porque quien mata en su corazón ya cometió homicidio —en este caso, matricidio. El matricida es quien odia a su madre, pero también quien se olvida de ella, para quien la madre se convierte en un gasto económico más cada vez que se acercan fechas importantes. El matricidio, ejecutado o sentido en el corazón, tampoco es una opción cristiana.

Honra: ante estos dos extremos se impone la posición cristiana, que básicamente se resume en el quinto mandamiento tal como lo expresa Éxodo 20:12: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que disfrutes de una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.” Un cristiano no es ni matrilatra ni matricida. Es un creyente que tiene a Jesucristo como su Señor y se esfuerza por obedecer sus órdenes, incluido el quinto mandamiento.


Honrar a mamá

Ningún mandamiento fue dado por Dios sin sentido. Cada uno fue diseñado con un propósito trascendental que va más allá del mero afecto o trato personal en esta tierra. Cada mandamiento tiene una aplicación práctica aquí, pero más aún, tiene una razón eterna que trasciende nuestra vida y nos impulsa hacia la eternidad.

La razón de ser del mandamiento de honrar a la madre es esta: Dios quiere mostrarnos parte de su naturaleza divina por medio de la imagen de una madre.

Dios es llamado Padre en la Biblia; en ninguna parte se le llama Madre. Ese no es el punto. El punto es que Dios mismo utiliza la imagen de una madre para describirse en su trato personal con su pueblo.

Encontramos por lo menos tres ejemplos:

Cuando Jesús llora frente a Jerusalén en Mateo 23:37, expresa su dolor así: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envía! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!” La gallina es figura de la solicitud, el amor y el cuidado que tiene una madre por sus hijos.

En Isaías 49:15, Dios compara su amor con el de una madre: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo nunca te olvidaré!”

Y en Isaías 66:12-13 encontramos la máxima muestra de ese amor maternal en Dios: “Ustedes serán amamantados, llevados en sus brazos, mecidos en sus rodillas. Como madre que consuela a su hijo, así yo los consolaré a ustedes.”

Dios quiere que le veamos a través de la imagen de una madre. Más aún, quiere usar nuestra relación con nuestras madres como un reflejo fiel de nuestra relación con Él mismo.


El amor de Dios reflejado en una madre

1. Nos da la vida — Eva

“El hombre llamó Eva a su mujer, porque ella sería la madre de todo ser viviente.” (Génesis 3:20)

Dios es como Eva: nos da vida. Todos venimos al mundo por medio de una mujer que nos lleva en su vientre. Nuestro primer hogar no fue una casa ni una habitación; fue el vientre de nuestra madre.

2. Nos adopta — Noemí

“¡Vuelvan a su casa, hijas mías!” (Rut 1:11)

Dios es como Noemí: nos adopta. Noemí, más que una suegra, era una madre para sus nueras. Dios nos hace vivir en familia cuando estamos desamparados.

3. Nos consagra — Ana

“Este es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió. Ahora yo, por mi parte, se lo entrego al Señor. Mientras el niño viva, estará dedicado a él.” (1 Samuel 1:27-28)

Dios es como Ana: siempre toma la iniciativa y se acerca a nosotros para que estemos con Él. Somos de Dios, nosotros y nuestras familias y no hay mayor honra que caminar en el Señor.

4. Nos ordena la vida — La Mujer Virtuosa

“Si nieva, no tiene que preocuparse de su familia, pues todos están bien abrigados.” (Proverbios 31:21)

Dios es como la mujer virtuosa: trae orden a nuestra vida. Con límites y disciplina nos provee lo necesario en el momento oportuno.

5. Nos invita a creer — María

“Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho.” (Lucas 1:38)

Dios es como María: nos invita a aceptarle. María, al aceptar ser la madre de Jesús, nos hace una invitación a que también abramos nuestro corazón al que vive y reina por los siglos de los siglos.


¿Y si mi mamá no es así?

“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo nunca te olvidaré!” (Isaías 49:15)

No todas las personas logran afirmar que ven reflejado el amor de Dios por medio de su relación con su mamá. Si ese es su caso, si la relación con su madre no ha sido buena o no puede observar en ella cualidades de Dios, entonces tiene la oportunidad de hacer tres cosas:

Vea el amor de Dios. Él nos hace vivir en familia aun cuando estemos desamparados. Él es el creador del amor, Él es amor. Y nos invita a experimentar este amor infinito y divino que no depende del comportamiento de ninguna persona. Él sí tiene planes, propósitos y futuros buenos para su vida.

Perdone a su mamá. No nos corresponde juzgar, pero sí nos corresponde colocar límites saludables para nuestra propia vida. Dios puede darnos la bendición de reconciliarnos con nuestro pasado. Podemos decidir ser el hijo o hija que queremos ser: el comportamiento de nuestros padres no determina qué tipo de hijo seré yo.

Reconstruya su corazón. Podemos ver nuestra historia para perdonar, pedir perdón, aprender y sanar. Dios puede convertir una historia de dolor en una verdadera bendición. Dios es tan poderoso que de nuestro dolor puede crear una fuente de agua de vida para nuestra familia.


Si necesita ayuda, este es el momento de sanar

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Que la imagen de una madre amorosa le recuerde siempre a su Dios.



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